Cascarón

Escucho a una urraca, me recuerda a Garrofón, no siento nada.

Ayer me desperté como un cascarón vacío, cuya carne se ha secado por dentro y se ha caído del desgaste. Dentro opera un flujo: Recibe información, busca en una tabla, emite respuesta. Automático, frío, vacío.

Estoy en el verano más caluroso que he vivido y me muero de frío. Todo se siente muy lejano, disperso, como si en esa carne que he perdido estuviera la interfaz que me conecta al mundo.

Me siento un mentiroso, incapaz de sentir nada con el cuerpo, desconectado, pero respondiendo como si pudiera. Suena raro, porque la respuesta está ahí, entre el cascarón y el aire. De alguna manera está grabada. Es como una estructura de cuerdas fantasma. Están ahí, alguien las ha tenido que atar, pero no soy capaz de sentirlas.

No sé cuánto me quedará, no mucho. En algún momento se me terminará de caer la carne y me desmontaré como un puzle sin pegamento. Espero estar lejos cuando llegue el momento.

Escucho un trueno, me recuerda a mi primera tormenta seca, no siento nada.

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