Decenas de esqueletos perfilan la costa,
esqueletos que se desentierran del polvo
y solo relucen su silueta y largas sombras.
Esqueletos que se corroen
de sueños que a falta de un click
nunca llegaron a nacer.
Cientos de metros de esqueleto,
visible en el horizonte
como una parduzca silueta contra el cielo,
sus grises huesos sobre islotes,
sus enrojecidas costillas,
me cautiva su seca presencia.
Corrió su negruzca sangre
por barrancos, su sueño
cayó en un marino letargo.
Lejos de su cuerpo descansa
su maltrecha consciencia.